Signo Vital (1979-1986)
Signo Vital es otro ejemplo valioso para dar cuenta del lugar que ocuparon las revistas “subterráneas”, en Córdoba Capital, durante la última Dictadura. Esta entrada no puede leerse al margen de revistas “amigas” como Psyglus o Simplemente: Signo Vital nació de la confluencia de esos dos proyectos, con la incorporación al staff de Fernando Cots y Rodolfo Mignini, editores de Psyglus, y Ricardo Giletta, editor de Simplemente. Fue creada y diseñada por Claudio Arrascaeta (periodista y autor especializado en producción musical), y dirigida por él mismo y Gustavo Hidalgo, con el acompañamiento de los citados (también aparecen en los índices Sandra Worth y Marcelo Uehara, colaboradores de la revista Artemio). Arrascaeta nos contó que, de hecho, fue Fernando Cots, director de Psyglus (hasta ahora, la revista subte más “vieja” en Córdoba: 1978), quien le enseñó a diagramar.
Publicó cinco números, con otra singularidad: fue la única subterránea del periodo que tuvo dos épocas. La primera, entre 1979 y 1980, con cuatro números, y luego la edición de un número final que editaron en democracia (1986). Otra singularidad que se puede encontrar en sus páginas, en relación al cruce entre colaboradores, es que participó Omar Dagatti, autor muy presente en las revistas alternativas publicadas en Villa María durante los primeros años 80. Villa María fue, como se puede leer en este Archivo, el otro polo de producción de revistas culturales en dictadura y transición democrática. El ejemplo de Dagatti en Signo Vital es el único cruce de autores que advertimos entre publicaciones de las dos ciudades.
En algunas revistas de Villa María (Impulso, Río de Pájaros), la forma del periodismo cultural supo mostrar su vitalidad en cuestiones coyunturales, vinculadas a la política. Se trataba de proyectos alternativos respecto de la prensa gráfica, e intentaban “competirle” con otro tipo de contenidos. Pero era otra época: en revistas como Signo Vital (y también Mundo Interior, o Artemio), el periodismo cultural apenas despunta, enfocado en las artes y las disciplinas entonces asociadas a la “bohemia”: el rock, el teatro independiente y, en muy menor medida, la literatura. En ese sentido, aparecen en Signo Vital, a diferencia de Villa María, los claroscuros de un momento que hizo convivir represión, persecución y censura con el proceso que culminó en la restitución de derechos y libertades expresivas. Arrascaeta enfatizó en cómo la irrupción militar instaló rápidamente una estructura de control estatal que, por un lado, obligó a todos a adaptarse al “nuevo régimen de lo decible” y, por otro, propició un ingenio compartido que desafió esos límites a través de experimentos gráficos. Así fue que se empujaron colectivamente a replicar otros lenguajes, y a ensayar formas de expresión cifradas, como permitía la música.
El rock era un lenguaje capaz de “nombrar cosas” que no aparecían en otros lugares, y lo “under” era el único canal de expresión juvenil: algo que llegaba, además, desde Buenos Aires. Las revistas cordobesas intentaron replicar el modelo porteño, inaugurado por referentes como Miguel Grimberg o Alberto Puglisi (colaboradores de Signo Vital). La matriz temática se repite, así, en varias revistas del periodo: la preocupación por la ecología como contrapeso del capitalismo, o el énfasis en la espiritualidad como respuesta crítica a la racionalidad tecnológica. En Signo Vital aparece la oscilación local-global para los problemas culturales: por ejemplo, la pregunta por la subordinación artística respecto de Buenos Aires, y la dificultad de despegue para los conjuntos locales. Esa es la línea continuó la revista de principio a fin: la tematización del rock como bandera del material sensible. No buscaba construir una línea de pensamiento, sino potenciar la lengua en red, que buscaba “ponerle color a una época gris”.
La revista participó, además, de un circuito de comercialización compartido con Psyglus, Simplemente, Mundo Interior, Generación o Artemio, dedicado a la venta en disquerías, librerías y comercios de artesanías. Todas mostraban, en ese sentido, una conciencia explícita de querer formar parte del “under revisteril” más como espacio de sociabilidad y afirmación que como proyectos con pretensiones estéticas. Esa red vincular y comercial producía, por ejemplo, que en las páginas de Signo Vital se promocionara a Simplemente y Psyglus, y que incluso esos vínculos impactaran en la presencialidad: tal como nos contó Arrascaeta, la revista tuvo su propio reducto físico, sobre la calle Obispo Trejo, donde organizaban encuentros, actividades de teatro y recitales. Allí mismo citaban a los suyos desde la revista Simplemente.
Frente a la pregunta sobre por qué ese último número 5, a seis años de la primera época, Arrascaeta confesó que fue una suerte de reunión nostálgica, entre los colaboradores, culminada en el gesto de volver a vivir la experiencia de edición. Esto puede tener que ver con otra sensación compartida por colegas de aquella época: que el retorno de la democracia le hizo perder, a algunos grupos, cierto ímpetu creativo y editorial. Lo mismo recogimos de Artemio.
Finalmente, la materialidad de la revista muestra algo también compartido con las otras: escasos recursos económicos y espíritu artesanal en diagramación. La estructura se replica como en un molde: impresiones económicas en offset, diagramación a mano, y un formato fijo, A5, porque podían acceder a papel en A4 y plegaban las hojas para optimizar el uso, según dijo Arrascaeta. En general, también repetían la misma matriz estética.
Diego Vigna
Directores o responsables de edición
Directores: Claudio Arrascaeta y Gustavo Hidalgo (coinciden en varios números y alternan en otros)
Tipo
Revista impresa
Fecha de publicación
1979 - 1986
Lugar de edición
Córdoba, Argentina
Vínculo con otras revistas

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