Psyglus (1978-1979)
Psyglus fue una de las primeras revistas “subterráneas” que se publicaron en Córdoba durante la última dictadura. Esta afirmación se sostiene, simplemente, en el hecho de que no hemos encontrado aún otros títulos precedentes, dentro de esas características. Es posible que hayan existido otras revistas “subte”, más allá de las que se encuentran en este Archivo, porque la razón de ser de este tipo de publicaciones era, justamente, la circulación por lo bajo: seguimos atentos a la búsqueda pero, por lo pronto, Psyglus es la más “vieja” de las que nacieron para circular en Córdoba, en forma alternativa, durante los peores años de censura y represión.
Fue dirigida por Fernando Cots, y entre sus integrantes estuvo Rodolfo Mignini, luego incorporados (los dos) al staff de Signo Vital. Tuvimos el privilegio de entrevistar a Mignini a fines de 2025, gracias a la mediación de Claudio Arrascaeta, lo que significó una experiencia importante. Esta presentación, junto a la puesta en línea de estos documentos, ofician como humilde homenaje a su memoria, ya que Mignini falleció el 22 de marzo de 2026. Creemos que el mejor modo de recordarlo es dando a conocer este proyecto poco conocido, tan breve y vital como otras revistas amigas, que nació en septiembre de 1978 y culminó poco más de un año después con la publicación de unos cuadernos que continuaron a la revista. En rigor, de Psyglus salieron siete números, publicados entre septiembre de 1978 y abril de 1979 (se anunciaba como “edición mensual independiente”). Luego, Cots y Mignini llevaron adelante Los Cuadernos de Olegario Pandolfo, que extendieron la vida del proyecto con un cambio de perfil y de contenidos (no así de formato). Salieron cuatro ediciones de Los Cuadernos, según una propuesta que podría designarse como dosieres o números monográficos. Aquí contamos con dos ellos: uno dedicado a lo que por entonces llamaban “problemas globales” (la “superpoblación”), y otro que incluye una perlita periodística-poética, si se quiere, mirada a la distancia: poemas de la hoy reconocida periodista gráfica y escritora Sandra Russo.
Psyglus reconocía en las revistas subterráneas de Buenos Aires una influencia primordial. Esto tiene que ver con que Rodolfo Mignini conoció a Miguel Grimberg en Buenos Aires, durante los primeros años 70, y a partir de ese vínculo trasladó las ideas al proyecto local: influencia compartida con Fernando Cots, que llevó a que incluyeran, en los créditos, la leyenda “Revista adherida a INDO U/APS (Indo Underground/Alternative Press Syndicate)”, en referencia a la organización llevada adelante por Grimberg en Buenos Aires. Grimberg, de hecho, podría ser considerado una suerte de “padrino” de Psyglus. En los primeros editoriales de la revista se agradecía a las otras subterráneas inspiradoras del proyecto: todas revistas porteñas. Sin embargo, también se observan diferencias notorias. El mismo Mignini nos confesó que el círculo de revistas “subte” era difícil de ampliar en Córdoba, a diferencia de Buenos Aires, lo que no impidió que aquí intentaran replicar el mismo motor expresivo al pivotear desde el rock hacia otros temas. La relación con cierta condición ilustrada, presente en las revistas de Grimberg, no aparece en las revistas cordobesas. Los textos más críticos de Psyglus aparecen, de hecho, bajo las firmas de Grimberg o Alberto Puglisi, responsables de las revistas Mutantia y Econautas. Grimberg fue tomado como referencia en Psyglus y también en Signo Vital, en tanto voz autorizada para deplorar la deshumanización de la época a través del espíritu del rock.
El grupo editor de Psyglus sostenía que se trataba de una revista “sin línea estereotipada”, como modo de confrontar con las publicaciones llamadas “comerciales”. La distinción, en ese sentido, era ante todo generacional: jóvenes en busca de otras lenguas posibles, que ponían en juego estrategias para buscar un diálogo con los lectores en un marco de censura, represión y condicionamientos. El texto de presentación, en 1978, hasta celebraba “el inicio de una aventura que no sabían cuánto iba a durar”. Los contenidos remitían a un periodismo cultural bastante amateur, enfocado en las artes y las disciplinas más asociadas a la “bohemia”: el rock, el teatro independiente y, muy en menor medida, la literatura. Está presente en la revista, como en otras de la época, la pregunta por la subordinación artística respecto de Buenos Aires, y por la falta de despegue de los grupos locales, además de la preocupación por la ecología como contrapeso del sistema de producción y consumo imperante. Es decir, una suma de lo que Mignini definió como “temas no instalados”: “el rock en los 70 ya no era nuevo”, nos dijo, “pero sí lo era el hecho de hablar de cosas que no aparecían en otros lugares”. Y lo subterráneo era el modo (canal de expresión) juvenil de hablar de esas otras cosas, a través de la literatura, el ensayo o la historieta: vehículos, según Mignini, para “tirar palitos a los medios grandes”.
Como en revistas similares, el dibujo, la pintura y la historieta ocupan un lugar preponderante de expresividad “cifrada”. Podría decirse que, más allá de los textos críticos, era en las viñetas y e historias gráficas donde se expresaba un sentir común que producía llamativas réplicas en los contenidos de las revistas. En Psyglus, por caso, aparece “Psygla”, historieta firmada por Rogelius, que atraviesa los siete números. A su vez, la misma firma se destaca en las contratapas, pensadas como “bajadas de línea” artísticas, algo que también se puede ver en la revista Artemio. Desde allí se anclaba la crítica a la tecnología como “arma de destrucción”, o el culto a la banalidad de la apariencia y el consumo. La identidad visual de Psyglus, además, se sostenía en otra ilustración que le otorgó identidad estética, y que continuó en los Cuadernos posteriores: el personaje/mascota de Olegario Pandolfo, canalizador de la línea editorial. Aparece en tapas, viñetas humorísticas, auspicios y, finalmente, en el título de los Cuadernos.
Enfatizo, como cierre, lo que creo el aporte de la revista, como en otras experiencias subterráneas: el intento de establecer un diálogo con (y de construir) una comunidad de lectores. En términos de sociabilidades, el grupo discutía cada número en un local comercial de la familia Mignini, que quedaba al frente de lo que era la vivienda familiar. Ese espacio estaba “marcado”, al decir de Rodolfo: pasaban todo el tiempo a “controlar”. “Nosotros sabíamos lo que teníamos que hacer; sabíamos que había cosas en las que no teníamos que meternos”, dijo. La autocensura convivía con la vitalidad del intercambio porque ese “saber qué hacer y qué no” tenía un fundamento: para mantener la alegría y la frescura debían ser inteligentes. Según Mignini, la tímida escala cordobesa de lo subterráneo favoreció el no haber tenido grandes problemas con los militares. “Era más simple de manejar que otras formas de publicación”, dijo.
En los textos, la demanda de diálogo era explícita, y se puede ver en los editoriales. “Hola, contesten…”, era el título de la columna que abre el número 3. “¿Dónde están? ¡Ya tenemos revista!”, decían. En el número 7, de 1979, anunciaron el final de la publicación por la indiferencia del público al que pretendían llegar. En septiembre de ese año tanto Cots como Mignini se unieron al grupo editor de Signo Vital.
Diego Vigna
Directores o responsables de edición
Director: Fernando Cots
Tipo
Revista impresa
Fecha de publicación
1978 - 1979
Lugar de edición
Córdoba, Argentina
Vínculo con otras revistas












