Trapalanda (1953-1955)
La revista Trapalanda fue publicada en Río Cuarto entre 1953 (el n°1 es de ese año) y 1955 (N°10-11, diciembre de 1955) por un grupo de hombres que ejercían profesiones liberales: abogados, médicos, docentes, periodistas y personas ligadas al comercio. No hubo mucho antes de este proyecto, en principio literario, o de otros contemporáneos como los de las revistas Vertical y Cristalomancia: antes de 1950 no se encuentran en Río Cuarto publicaciones que puedan caracterizarse, de base, como revistas literarias. Así y todo, Trapalanda excedió largamente tal encasillamiento.
El director fue Joaquín Bustamante, figura de gran proyección social, promotor cultural, catedrático universitario, doctor en jurisprudencia y autor de una vasta obra que incluye cuentos, semblanzas y crónicas históricas, algunas referidas a la historia de Río Cuarto (Nace un Imperio, de 1962 y Alguien vigila en el Imperio, de 1970). Entre los colaboradores de la revista se cuentan las firmas de Juan Filloy, Hugo Ramacciotti, M. Espinosa Arribillaga, Jorge Carranza, Julio Requena, Glauce Baldovín, Carlos Mastrángelo, Alberto M. Etkin, Carlos Brandán Caraffa, Osvaldo Guevara, José Luis Ferreyra y José Martorelli. En esta enumeración, con figuras de dispar trascendencia, se destacan Requena, Baldovín, Mastrángelo (quien realizó una incansable labor como promotor cultural, narrador y crítico), y especialmente Juan Filloy, autor de una obra literaria sin parangón en la historia riocuartense que sigue consolidándose en la actualidad por interés de lectores y especialistas argentinos y extranjeros.
Sobre la revista Trapalanda existen antecedentes críticos de relevancia, entre los que se destaca un estudio sistemático llevado adelante, en la década de 1990, por docentes de la Universidad Nacional de Río Cuarto en el marco de un proyecto de investigación dirigido por Justo Sorondo, quien sintetizó el objetivo del grupo editor: “fijar el mito fundacional de Río Cuarto” remitiéndose a través del término Trapalanda a las remotas leyendas que ubicaban la Ciudad de los Césares en la región de la actual ciudad de Río Cuarto. Este gesto de filiación con un momento fundacional (el momento preciso en que los españoles llegan a la región del actual Río Cuarto y registran el modo en que el espacio es mentado por los nativos) fue repetido para rebautizar la revista Ritmia como “Soco Soco” (también presente en el Archivo), y perduró en el tiempo puesto que un grupo de estudiantes universitarios publicaron, en el año 2000, el primer número de la revista Urumpta (otro vocablo de origen indígena utilizado para nombrar la región que comprende a Río Cuarto), de la cual se publicaron tres números.
En relación al trabajo del equipo dirigido por Sorondo, el razonamiento de fondo sobre ese mito fundacional remitía a un lugar donde “todo estaba por hacerse” en materia cultural, y donde los integrantes del grupo buscaban afirmar un origen y ubicarse en una tradición. “Dotar de voz al desierto”, en palabras de Sorondo, y demostrar que en Río Cuarto también existía una cultura floreciente que podría entrar en diálogo con “otros centros con tradiciones aquilatadas”. El estudio de Sorondo afirma que el espacio de la revista era concebido como un “recinto sagrado” en el que estaba permitido el disenso pero no la polémica ni los enfrentamientos, como si los pioneros no quisieran poner en riesgo la continuidad del espacio. Ante todo, el grupo creó un hábito de diálogo, al menos entre ellos, con el afán de que se sostuviera y se ampliara con el tiempo, gesto de inspiración romántica destinado a crear un “Ateneo criollo” de tierra adentro.
La apelación al mito de la Trapalanda, entonces, en tanto puerta de la Ciudad de los Césares, se ofrecía como marco fundacional que permitía aludir, a la vez, a la evocación del espíritu heroico inherente: los trapalandenses de 1950, en Río Cuarto, aparecían como herederos de aquel espíritu heroico y pionero. Esto aparece explícitamente en el n°4 de la revista (junio de 1954): “Sobre las mieses que brinda esta Trapalanda del mito y de la fábula, convertida en la realidad presente gracias al trabajo noble y tesonero de muchas generaciones, levantamos ahora las espigas nutricias del pensamiento. Ellas revelan nuestro linaje y confirman nuestra límpida vocación espiritual”.
Otros trabajos sobre la función crítica que se llevó adelante en la revista destacan una concepción de la literatura como herramienta privilegiada para “acceder a la cultura”, y un claro posicionamiento elitista en relación a las artes a las que se les daba espacio (por ejemplo, el recelo hacia la música popular), y la función orientadora y mediadora de sus posicionamientos estéticos. Esa suerte de elitismo, deudor de la creencia en una cultura universal como “conquista del espíritu”, reivindicaba sin embargo una identidad local, que confrontaba con el discurso hegemónico porteño (en tanto discurso sostenido en el supuesto de que no existían expresiones culturales válidas más allá de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires). Algo similar puede leerse en proyectos coetáneos de la ciudad de Córdoba, como el grupo Laurel, y también se encuentra esa tensión entre “provincianía” y Buenos Aires, con variaciones, en la revista Ritmia/Soco Soco, de la que también participó Filloy, figura omnipresente en la vida cultural del Imperio del sur cordobés.
En general, en Trapalanda no hay menciones directas a la coyuntura política, pero sí opiniones sobre políticas educativas, culturales e históricas. El supuesto de Trapalanda parecía indicar que la difusión de esa Cultura, con mayúsculas, estaba por encima de las ideologías que ocupaban en Río Cuarto a los intelectuales y literatos, quienes participaban activamente en la construcción de un presente como continuación de un pasado nacional heroico, acorde a la línea histórica liberal llamada Mayo-Caseros. Así y todo, en los momentos políticos de máxima tensión quedó claro que esa neutralidad política era ilusoria. Por ejemplo, entre 1954 y 1955, se pueden leer referencias directas al clima político en textos de Joaquín Bustamante, que pasaron de preguntas retóricas alusivas a un “gobernante tirano” al pedido de derrocamiento del presidente Perón.
En definitiva, si se ensayara una síntesis de la operación cultural llevada adelante por la revista, puede decirse que buscó contraponer a la concepción de “cultura portuaria” la de una “cultura del interior”, sin dejar de sostener una distinción entre alta cultura (la europea, expresada en el país más culto de Latinoamérica) y cultura popular (ante la cual el grupo Trapalanda se arrogó la misión de acercar expresiones de la gran cultura a la “gente de a pie”). Esto puede considerarse tanto una de sus posibles limitaciones (un pecado de elitismo) como su principal aporte: la afirmación, ante las capitales de las provincias, y sobre todo ante la Capital Federal, de que en Río Cuarto existía un desarrollo cultural, o al menos las semillas promisorias de esa cultura.
Pablo Dema
Directores o responsables de edición
Director: Joaquín Bustamante
Tipo
Revista impresa
Fecha de publicación
1953 - 1955
Lugar de edición
Río Cuarto, Córdoba, Argentina
Vínculo con otras revistas

Números de esta publicación:






