Córdoba Literaria (1959-1960)

Córdoba Literaria fue una revista cultural que excedió su condición “literaria”, inmortalizada en el título, editada en la ciudad de Córdoba entre 1959 y 1960, con 14 números publicados. De factura casi artesanal, esto es, con pocos recursos a disposición, no parece, sin embargo, haber pasado desapercibida: en sus índices se encuentran firmas notables del periodo, como las de Héctor Schmucler, Alfio Baldovin, Laura Devetach, Carlos de Rokha, Armando Zárate, José Marano, Francisco Colombo, Joaquín Gianuzzi, César Guiñazú, entre otros. Así como también se destaca la presencia de artistas e ilustradores de renombre, como Luis Saavedra, Romilio Ribero (que, fiel a su impronta, también participa con notas y semblanzas) o Norberto Cresta.

No sabemos aún quiénes se encargaban de hacer esta revista, porque no pudimos entrevistar a quienes han estado involucrados directa o indirectamente con el proyecto. Si nos guiamos por la información relevada en los créditos, Edgar A. Etkin, su director de principio a fin, habría encarado todo el trabajo en soledad. Sin embargo, bien se sabe que una revista cultural es, ante todo, un producto colectivo. Los documentos, en este caso, no dan pistas para dilucidar esos enigmas en el proyecto. Por intuición, podríamos pensar que Etkin fue su principal impulsor pero que existió un grupo, no reflejado en el staff, que lo acompañó con colaboraciones estables, tanto para contenidos textuales como visuales. Es probable que algunos de esos nombres estén representados en el párrafo anterior.

Córdoba Literaria fue, en sus primeros números, una revista de literatura y otras artes (como el teatro y la plástica, siempre presentes en los índices). Comenzó con un énfasis marcado en la función crítica de ese tipo de medios, y con una opinión bastante cruda sobre el estado de las publicaciones periódicas en Córdoba. En sus primeras páginas se lee una intención de reclamo colectivo para que las artes se desarrollen en la ciudad; se marcaban deficiencias, sobre todo, de lo que “no había” en ese año inaugural (1959). Así y todo, aunque en el primer número David Moirans afirmaba que prácticamente no había publicaciones literarias en Córdoba, y hasta demandaba un plan de acción de organismos oficiales para saldar ese vacío, en esos años se publicaron en la Capital varias revistas, algunas importantes y otras de existencia efímera: Derroteros, Sísifo, Cara Verde, Saeta, Randra, Laurel, Mediterránea. Todos esos títulos vieron la luz en un periodo de seis o siete años. Esas presencias, por tanto, contradicen en cierto modo aquel lamento de un vacío de publicaciones. Y los cruces que se producían entre revistas también desdice la posición de Moirans, porque en sus páginas se vuelve evidente la existencia de vínculos entre sus editores y colaboradores (escritores y artistas) más frecuentes. Para ilustrar esto, basta revisar los índices de Córdoba Literaria: el primer número abre con un relato de Alfio Baldovin, estrechamente vinculado al grupo de Mediterránea (hermano del director, Alcides) y colaborador asiduo de ese proyecto (recordemos que el último número de Mediterránea, anual, fue publicado en 1959). Y cierra ese primer número, en contratapa, con un relato de Francisco Colombo, creador de la revista Derroteros, que se publicó entre 1955 y 1956. De hecho, los documentos aquí compartidos proceden de la Biblioteca Nacional Juan Filloy (Sede Córdoba) y del archivo personal de Colombo. En esta misma línea, aparecen en la revista otras firmas de amplia circulación y participación en las publicaciones de esos años: José T. Marano y Armando Zárate, por caso, fueron los directores de la revista Cara Verde (publicada entre 1959 y 1960, en simultáneo a Córdoba Literaria).

A partir del segundo número se transparenta una intención de articular la producción literaria y artística con una mirada amplia sobre lo social y cultural, lo que le otorga un perfil consolidado a la revista: publica obras literarias pero, sobre todo, crítica cultural e intelectual. Hay espacio para la narrativa y la poesía, a lo largo de los 14 números, pero también textos de pretensión teórica, o que dan cuenta de ciertos posicionamientos ideológicos. Se destacan dos secciones en la revista, que son las que dan una identidad particular en todo el trayecto: “Zaranda”, presente desde el número 1, que equivale a un espacio de novedades, difusión y relevamiento de obras literarias y artísticas, aunque también se comporta como espacio de opinión; y “Ciudadgrafías” (llamativo término), columna de crítica estética, cultural y política casi siempre firmada por David Moirans, de especial agudeza sobre obras y temas específicos (allí se publicaba desde crítica de obra a crítica política).

Existe, en otros contenidos, un trabajo manifiesto de ejercer una mirada que cruza arte, cultura, economía y sociedad, sobre el contexto de producción cordobés y también nacional. Por ejemplo, un relevamiento sobre el estado de la poesía argentina de aquellos años, con el desglose de autores y corrientes estéticas que se revisan desde Jujuy hasta el sur del país; y se pueden encontrar textos críticos, también, y muy interesantes de Héctor Schmucler sobre las revistas literarias de Córdoba, y sobre el pasado y presente de la Universidad Nacional. La revista, a su vez, dedica una especial atención a la pintura y otras artes plásticas, tanto desde la crítica como desde la visibilización de obras (hay menciones y reproducciones recurrentes sobre artistas de la época, tanto en interiores como en tapas y contratapas).

Interpretamos que uno de los objetivos de este proyecto fue el de ensayar un posicionamiento estético y crítico desde el interior, que pudiera prescindir de las influencias del puerto y ejercer una fuerza gravitatoria entre los artistas y pensadores de Córdoba y otras provincias. En este sentido, Córdoba Literaria se inscribe dentro de ese perfil también observable en revistas coetáneas: grupos de escritores, poetas, artistas, académicos que trabajaban para componer un espacio de visibilidad y reflexión sobre el hacer desde el interior. Esto se puede observar en revistas como Laurel, Mediterránea o Derroteros, desde la literatura “hacia el mundo”: es decir, partiendo de la producción literaria, plástica y poética para articular con el pensamiento social, político e ideológico.

Otra singularidad de la revista tiene que ver con la evolución de los “materiales” dispuestos en tapa: una suerte de destilado minimalista. Córdoba Literaria nació con bastante información en el diseño de portada: ilustraciones, el nombre de la revista siempre dibujado a mano, el año de publicación y, en los primeros tres números, fragmentos de citas célebres que acompañan toda la información anterior. Con el paso de los números, esas tapas se fueron despojando de elementos: desaparecieron las citas, luego los paratextos que daban cuenta de las coordenadas temporales de la edición, y luego también dejó de aparecer la información sobre el número publicado. Finalmente, desapareció el nombre de la revista. Los últimos dos números (13 y 14) no dan cuenta de ningún elemento para textual en tapa. Solo material visual.

En el primer número se anunciaban como publicación quincenal. Eso fue respetado hasta el número 7; a partir del siguiente, que aparece sin fecha, se rompe esa regularidad y la revista parece convertirse en mensual, aunque entre el 7 el 9 hayan pasado tres o cuatro meses. Desde el número 8, Edgar Etkin figura no como “director” sino como “coordinador”, pero vuelve a su rol original en el número 10. ¿Qué haya aparecido como coordinador daría cuenta de que gestionaba las tareas de otras personas? Es probable, pero no deja de ser una sospecha. En cada número siguió ausentándose cualquier dato de colaboradores o staff de la revista.

Diego Vigna

Directores o responsables de edición
Director: Edgar A. Etkin (en algunos números aparece como coordinador)

Tipo
Revista impresa

Fecha de publicación
1959 - 1960

Lugar de edición
Córdoba, Argentina

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